viernes, 3 de octubre de 2008

¿TITULACIÓN SUPLETORIA O REPRESIVA? ¿EL DERECHO O LA FUERZA?

POR: NOE RIVERA.

La titulación Supletoria, es un procedimiento legal, por medio del cual se puede adquirir el derecho real de propiedad, por el transcurso de un tiempo determinado (diez años) en posesión de la tierra.

Este procedimiento de para la adquisición de un justo título, ha sido de hecho un mecanismo suicida en muchas comunidades, especialmente aquellas que han sido marcadas por la violencia, y la imposición, por parte de los caciques o grupos de poder que controlan, en un determinado lugar, debido a la ineficacia del control juridico o más bien la fuerza sobre el derecho.

El dominio de la tierra, es una costumbre de los pueblos guatemaltecos, el cual se perfecciona por la simple tenencia y posesión de la misma. Sin embargo, ¿cuantos conflictos pueden gestar, la discordia de un pedazo de tierra?.

Quizá no sea muy difundida, pero los procesos de titulación supletoria en Guatemala, se realizan a gran escala, y en su mayoría, están adornados de fraudes, engaños, violencia, intimidaciones, y un sin número de procedimientos propios de la mafia jurídica guatemalteca.

Cuantas tumbas clandestinas, cuantas placas conmemorativas familiares, cuanta muerte y represión, todo por un pedazo de tierra, que solo sirve para alimentar el deseo egoísta, alimentado por la avaricia, de los terratenientes, que quieren poseerlo todo, a cualquier precio. Pero, ¿Podrá titular un campesino, en condiciones de extrema pobreza, y todas las consecuencias que genera la miseria? En primer lugar, tendrá que enfrentarse con las autoridades municipales, con los caciques de su pueblo, y en última ratio, con los órganos jurisdiccionales, atestados de procedimientos burocráticos, o en su defecto, por la apatía, la dejadez y el desgano que los caracteriza.

Por ultimo, ¿Cuáles serán las consecuencias de tan intrépido atrevimiento? Una mini ficción realista del guatemalteco Mariano Cantoral que puede ilustrarlo:

-Qué se yo de plazos y de poderes constituidos, que se yo de prescripciones, yo solo se que desde mi minifundio no se nada.

Ayer vino un hombre gordo, vestido de vaquero, camisa a cuadros, y con una pistola bizarra dentro de su lonja escurridiza, que combinaba perfectamente con sus gruesas cadenas de oro, me saco a patadas de mi covacha. ¡ay! Mis machetes, mis piochas, mis costales, mis cachivaches, saben que no soy culpable y que sin la tierra no soy nada…

Mis muchachitos están en una caja de cartón, chilla que chilla, y cada lágrima me parte el alma, como a un campesino cualquiera. A lo lejos vislumbro mi antiguo rancho, me despojaron el alma junto a mis matorrales… tengo que huir de este pueblucho e irme a hincar frente a algún patrono, y labrar ajeno…